EL FUTBOL COLOMBIANO
Las manifestaciones artísticas y el deporte de conjunto que representan un país, son fiel reflejo de la cultura que reina en esa sociedad. Más que las dotes de talento humano, las delegaciones artísticas y de los deportes de conjunto, están influidas por la idiosincrasia de la comunidad, lo cual a su vez, varía según el nivel socioeconómico o estrato, como llaman ahora, donde la costumbre ha arraigado la práctica artística o deportiva. Las artes y deportes que requieren de altos costos en implementos e instalaciones, se acomodan en los niveles sociales de estratos altos, dejando para el pueblo raso las prácticas de bajo costo y canchas sin exigencias técnicas. Por supuesto los factores culturales también van asociados al nivel económico.
Los conjuntos deportivos de la Selección Colombia de fútbol, como han sido en el pasado reciente las eliminatorias al campeonato mundial de 2010 o el torneo sub-diecisiete, muestran claramente que las debilidades del fútbol colombiano no radican en factores técnicos ni falta de talento deportivo. El fútbol colombiano ocupa el puesto que la historia siempre le ha asignado, porque sus particularidades están impregnadas de los rasgos culturales que predominan en la ideología nacional.
En el fútbol de la selección, tanto de mayores como juvenil, el mayor defecto son los pases o entregas de la pelota a un compañero, que constituye la base del juego de conjunto. No se aplican los principios del trabajo en equipo, a la mejor manera de nuestra cultura individualista. Los pases no se hacen ni en el momento preciso ni a la persona indicada; son pases sin “valor agregado” que parece, se hacen más por soltar la pelota, que por aportar un eslabón en una cadena táctica que tenga una meta. La retención de la pelota se hace, más con propósito de lucimiento individual, que para articular un engranaje colectivo hacia el gol. Siempre los pases son tarde y la mayoría de las veces a la persona menos indicada. Los jugadores piensan más en las “marrullas” y la trampa, esperando el pito del árbitro, que en la construcción colectiva de la estrategia futbolística y a eso le llaman: “ser vivo”. Actitudes estas que concuerdan plenamente con la cultura predominante en la sociedad colombiana.
Por su parte, los entrenadores y periodistas, tampoco se pueden escapar de esta misma cultura. Directores técnicos que se dejan presionar por empresarios y una prensa que se mueve por “la payola”, al más fiel reflejo de nuestras costumbres tanto en lo público como en lo privado. De modo que no esperemos que la Selección Colombia vaya más alto de lo que siempre ha sido, después del sexto lugar en Suramérica.